La madre
Al atravesar la puerta de entrada (oxidada y chirriante, por supuesto) veo que alguien baja por la escalera, desde el primer piso a la planta baja. Es el inglesito. «Garin, mi madre vendrá hoy a las dos» me parece entender. Me alegro porque el equipo directivo está tratando de contactar con ella desde hace meses; por fin vendrá y se espera que eso haga cambiar de comportamiento al inglesito y a su tropa. Busco a la jefa y a su tutora les comento las novedades.
Cuando vuelvo de almorzar de la panadería de enfrente aparece
la madre del inglés con cinco o seis chicos más "con cara de inglés" (si es que eso existe). Pasamos y busco a la jefa: está comiéndose un bocata Cuando le digo la noticia casi se le cae. Me encuentro a la tutora y, por fin, me desligo del tema. Al acabar las clases la jefa ya se había ido y no sé en qué ha quedado todo.
Con todo este lío me olvidé del tema de la pelea de las niñas. A ver si mañana me actualizo. He tenido que "perpetrar" los exámenes de tecnología. Ya veremos cómo sale el experimento. Que tenga que dar clases de materias que no son de mi especialidad es algo que me incomoda un poco. Pero bueno... Seguro que podría ser peor.
Una frase super-vieja dice que «no te acostarás sin saber una cosa más». El conocimiento del día (y que paso a compartir) tiene forma de libro. Se llama Panfleto antipedagógico y por lo poco que sé aún es una crítica a los planes actuales de estudio y un tocar-con-los-pies-en-el-suelo. (Bájate el pdf --> Panfleto antipedagógico). Ya tengo libro para el verano.
Para abrir boca...
La llamada de atención se dirige a todos, pero en especial a los forjadores y entusiastas de una reforma educativa que, en un tiempo record, ha conseguido que la cultura de los alumnos baje hasta niveles alarmantes, que la mala educación en la vida cotidiana de los centros suba hasta cotas vergonzosas, y que los profesores estén más hartos, deprimidos y desesperados que nunca...






El jueves ya empezó mal porque fui a una reunión del departamento que fue una puta mierda. No se trató de nada interesante y los temas derivaban a cotilleos sobre alumnos que no conozco. La reunión no fue en el departamento sino en el bar. Después tuve dos clases seguidas, una de ellas tutoría, que la odio a muerte. Acabé tan estresado que al acabarla me fui a dar la otra clase que me quedaba sin darme cuenta de que estábamos en el recreo. Después de esa clase, que resultó un tanto caótica porque me dejé el cerebro en la sala de profes, tenía una guardia a última hora. Todos se fueron a comer porque luego había evaluación y yo me quedé como un capullo. Además no pude escaparme antes de tiempo porque un compañero estuvo comentándome la programación de una de las asignaturas que tengo y me interesaba mucho atender. Así que tenía menos de tres cuartos de hora para encontrar un sitio para comer y comer propiamente. Eso contando con que me atendieran rapídisimamente.





