Mientras todos los días parecen el
día de la marmota (hoy es más igual que ayer pero menos que mañana) y espero pacientemente a que me llamen a filas voy a contar por qué y cómo he estudiado matemáticas. Sí, un ejercicio tremendo de introspección y trigonometría.
Tenía 16 años cuando caí en la cuenta de que las matemáticas no eran sólo calcular como un poseso y hacer raíces cuadradas a mano. No sé si me di cuenta tarde o pronto; lo que sí sé es que no me gustó lo que tenía delante:
polinomios. ¡Cómo los odié! El primer curso del ya extinguido BUP se convirtió en lo que más odiaba: calcular como un poseso, pero con letras. Por si fuera poco, lo que a mí me interesaba, la física, no se veía hasta el siguiente año. De todas formas no era díficil, con letras o con números todo se reducía (literalmente reducía) a calcular calcular calcular....
Al año siguiente las cosas mejoraron porque empezaron a aparecer, y además de forma drástica, nuevas palabras como vector, función, módulo, coordenadas, épsilon.... se estaba abriendo todo un universo de cosas nuevas. Me di cuenta de que estaba mirando sólo la punta de un iceberg enorme. Sufriendo un poco por el formalismo (el uso de los cuantificadores

y

, es decir, "para todo" y "existe") y el, como vería mucho más tarde, viejo juego del épsilon-delta.
Ya desatada mi curiosidad, me fui un día a un Corte Inglés a mirar los libros de problemas para Selectividad para Matemáticas I de COU. Allí, aparte de no entender nada de nada, vi algo que me parecía más una quiniela que un problema de matemáticas. Sobre todo porque no había operaciones. Vi algo así:

Traté de memorizarlo y se lo pregunté al día siguiente al profesor cuando acabó la clase. La respuesta que me dio fue que eso era muy fácil y que no me debía preocupar. Me quedé con la duda hasta que un año y pico después me compré mi primer libro de matemáticas. Para entonces ya había entendido que había demostraciones, que había unas cosas llamadas teoremas y que había problemas que se salían de los conocimientos que caben en un BUP (con el consiguiente desasosiego).
Uno de los momentos en que más consciente fui de la magnitud de las matemáticas fue cuando me enteré de la existencia de las olimpiadas matemáticas. Al ver esos problemas me parecía que la educación matemática era un granito de arena en un desierto. Había problemas que
no parecían de matemáticas como los que tenían que ver con juegos y con estrategias ganadoras. Era raro raro raro....