La matrícula
He bajado hasta el 45 en la bolsa, a falta de lo que pase hoy porque suelen actualizar sobre las 15h.
Bueno, me voy a currar un poco en la tesina.
Publicado por
Garin P.
a las
12:04
3
comentarios
Publicado por
Garin P.
a las
23:40
1 comentarios
Publicado por
Garin P.
a las
12:09
3
comentarios
Publicado por
Garin P.
a las
20:25
1 comentarios
Publicado por
Garin P.
a las
21:14
0
comentarios
Estoy últimamente enfrascado en la lectura del primero de dos libros (al menos) de relatos cortos del genio Isaac Asimov. Y mientras leía uno llamado «Sensación de poder» me he quedado perplejo imaginando qué le tenía que pasar por la cabeza a este hombre mientras escribía sus cuentos. Son geniales. Éste me ha gustado tanto que voy a reproducir un fragmento:
[...]
El alto y distinguido Shuman, programador de primera, se enfrentó a ellos sin aprensiones.
—Caballeros, les presento a Myron Aub —dijo.
—El poseedor de ese talento inusitado que usted descubrió por casualidad —comentó plácidamente el diputado Brant —¡Ah!.
[...]
—¡Aub! ¿Cuánto es nueve por siete?
Aub titubeó un momento. Los ojos claros le destellaron de angustia.
—Sesenta y tres —respodió.
El diputado Brant enarcó las cejas.
—¿Es correcto?
—Verifíquelo usted mismo, diputado.
El diputado extrajo su ordenador de bolsillo, tocó dos veces los bordes laminados, miró la pantalla y lo guardó.
—¿Este es el talento del que nos ha hablado? ¿Un ilusionista?
—Más que eso. Aub ha memorizado algunas operaciones y hace cálculos con ellas sobre el papel.
—¿Un ordenador de papel? —dijo el general, con cara de lástima.
—No, señor —replicó Shuman con paciencia—. No un ordenador de papel, sólo una hoja de papel. General, tenga la amabilidad de sugerir un número.
—Diecisiete.
—¿Y usted, diputado?
—Veintitrés.
—Bien. Aub, multiplica esos números y muestra a caballeros cómo lo haces.
—Sí, programador.
Agachó la cabeza. Sacó una libreta de un bolsillo de la camisa y una pluma del otro. Arrugó la frente mientras trazaba marcas en el papel.
El general Weider lo interrumpió con brusquedad.
—Veamos eso —. Aub le pasó el papel—. Bien, parece el número diecisiete.
El diputado Brant asintió.
—En efecto, pero supongo que cualquiera puede copiar números de un ordenador. Creo que yo mismo podría dibujar un diecisiete aceptable, incluso sin practicar.
—Por favor, caballeros, permitan ustedes que Aub continúe —les pidió Shuman sin acalorarse.
Aub continuó con mano trémula.
—La respuesta es trescientos noventa y uno —dijo al fin con un hilo de voz.
El diputado Brant sacó su ordenador y tecleó.
—Santo cielo, así es. ¿Cómo lo adivinó?
—No lo adivinó, diputado —le explicó Shuman—. Calculó el resultado. Lo hizo con ese papel.
—Patrañas —rechazó el general con impaciencia—. Un ordenador es una cosa y unas marcas en un papel son otra.
—Explíqueselo, Aub —ordenó Shuman.
[...]
Me parece tan genial que voy a transcribir la historia entera y la pasaré a mis futuros alumnos como lectura. Eso sí, será opcional. A parte de que esto les podría hacer pensar un poco en la calculadora, les puedo descubrir al gran Asimov. Además, las fotocopias las paga el instituto.
Me encanta. Me encanta.
He sabido de este libro gracias a la página C.P.I. de la cual hay un lilnk ahí al lado. Si qiueres saber algo más (aunque sea inútil) ya sabes: haz click. El post del libro es éste: Cuentos Completos I. A ver si me traen el segundo volumen ya, que se me va a acabar.
Publicado por
Garin P.
a las
8:13
1 comentarios
Acabo de tener una conversación telefónica que me ha dejado muy rallado. Una amiga de la carrera, que también está en esto de la interinidad, me ha preguntado por la resolución de un problema. En la carrera hemos resuelto problemas de esos hasta la náusea pero ella no se acordaba y supongo que ¡qué pereza mirar los apuntes!. Así que decide llamarme porque tengo una pequeña fama de resolutor de problemas de mates (si fueran problemas de la vida..., ¡ay!).
Esta persona es una interesada, cuando tratabas con ella había que estar siempre en guardia, porque si podía sacar algún provecho de tí, lo intentaría. No es la primera vez que alguien me pide que le resuelva un problema. Yo estoy encantado. Pero cuando he visto su nombre en el móvil, no he podido pensar: "¿Qué quiere ésta?". Descuelgo el teléfono.
Tras un poco de lo que yo llamo "charla insulsa" me dice si le puedo ayudar con un problema, que es de un examen y que no le sale. A veces, ella da clases particulares y pensé que sería de algún alumno suyo que tendría el examen en breve. Le digo que me lo cuente a ver qué se puede hacer. Me lo cuenta. Yo no recuerdo bien el método estándar para resolverlo pero sí me veo capaz de hacerlo. Le digo que no tengo muy claro cómo hacerlo y que lo voy a pensar, que luego se lo mando al correo todo bien escrito y ale, arreglado. Pero entonces todo da un giro raro raro.
Resulta que lo necesita para antes de una hora porque uno al que daba clase, está en el examen y le ha mandado una foto del problema con el móvil para que se lo resuelva. Lo siguiente es que ella le mande la solución fotografiada y el alumno lo copie. Me dice: «Piénsalo y me llamas y me lo dices.» Me quedo tan flipado que sólo acierto a decir, "Pues es que estoy con la tesina...". Me recompongo un poco y le digo "Prueba a hacer esto y aquello. A lo mejor sale". Lo que voy a hacer es gastarme ni un € en decirle nada, ni siquiera para decirle que no sale aunque no lo haya intentado. Y ella dice que lo que cuento no cabrá en la foto. Yo ya no sé si descojonarme. Y a mi qué me importa. "Pues no se ocurre nada más". Pero lo digo porque quiero finalizar la conversación; sí se me están ocurriendo cosas pero no quiero decirlas. ¿Por qué tengo que perder el tiempo con eso? Finalmente, un poco más de "charla insulsa" y dice que va a probar lo que le he dicho.
Cuelgo y me imagino a un fulano en un examen de universidad con su móvil última generación haciendo una foto a un ejercicio y escribiendo un mensaje de SOS (que no SMS). Por Zeus, es absurdo.
Publicado por
Garin P.
a las
12:23
4
comentarios
«[...] he descubierto una demostración maravillosa de esta afirmación. Pero este margen es demasiado estrecho para contenerla.»
Pierre de Fermat
Ben Parker, el tío de Spiderman